La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cuestionó duramente la postura del Partido Acción Nacional (PAN) frente a los recientes dichos de Vicente Fox Quesada. Mientras el bloque conservador busca ahora distanciarse del exmandatario, la administración federal recuerda el historial de intervencionismo que marcó los comicios pasados.
De acuerdo con reportes periodísticos, la controversia se desató luego de que el expresidente panista reconociera abiertamente su intervención en el proceso electoral de 2006, donde apoyó de manera ilícita la candidatura de Felipe Calderón y violentó la voluntad popular. Ante este escenario, la titular del Ejecutivo federal reprochó la doble moral de la dirigencia panista, la cual primero integró a Fox como figura pública y vocero, para después intentar deslindarse de sus confesiones sobre el fraude que dañó la vida democrática del país. Este episodio revive el debate nacional sobre la necesidad de consolidar instituciones imparciales que garanticen la soberanía popular y el respeto absoluto al voto de la ciudadanía, pilares fundamentales impulsados por la Cuarta Transformación para erradicar las viejas prácticas del régimen neoliberal.



