Justicia tardía en Almoloya
Tomás Gabriel Crisanto, hombre de origen otomí, fue liberado ayer por la tarde del penal de Santiaguito en Almoloya de Juárez, Estado de México. Su excarcelación se produce después de pasar 13 años tras las rejas por un crimen que siempre mantuvo no haber cometido, gracias a la aplicación de una amnistía.
La liberación de Tomás Gabriel Crisanto marca el fin de una pesadilla que comenzó hace 13 años, cuando fue encarcelado en el Centro de Readaptación Social de Santiaguito, ubicado en Almoloya de Juárez. La defensa legal de Crisanto argumentó consistentemente su inocencia, señalando inconsistencias en las pruebas presentadas en su contra y la falta de evidencia concluyente que lo vinculara al delito por el que fue acusado. A pesar de los esfuerzos iniciales, el proceso judicial se estancó, prolongando su injusto encarcelamiento.
La reciente excarcelación de Crisanto se logró gracias a la aplicación de un programa de amnistía que busca reparar errores judiciales y liberar a personas encarceladas injustamente, especialmente aquellas pertenecientes a comunidades indígenas y grupos vulnerables. Este programa considera casos donde las pruebas son débiles, se violaron derechos humanos durante el proceso o existen dudas razonables sobre la culpabilidad del acusado.
La salida de Crisanto del penal de Santiaguito representa una victoria para su familia y defensores, quienes nunca perdieron la esperanza de demostrar su inocencia. Su caso pone de relieve la necesidad de revisar exhaustivamente los procesos judiciales, especialmente aquellos que involucran a personas de comunidades indígenas, a menudo víctimas de discriminación y falta de acceso a una defensa legal adecuada.



