Filantropía Mexicana
Mientras la política mexicana se enfrasca en culpar al pasado, la sociedad civil organizada emerge como un motor de cambio, impulsada por la urgencia del presente. Ante la ineficacia gubernamental y las divisiones ideológicas, ciudadanos y organizaciones toman la iniciativa para abordar la pobreza, las enfermedades y la violencia.
La constante polarización política en México, caracterizada por la mutua recriminación entre diferentes espectros ideológicos, ha generado un estancamiento en la resolución de problemas apremiantes. La dinámica donde gobiernos culpan a sus predecesores, independientemente de su afiliación política, resulta en una narrativa repetitiva que prioriza la justificación sobre la acción. Esta obsesión con el pasado, como señala Edgar Alonso Angulo Rosas, desatiende las necesidades inmediatas de la población, quien exige resultados tangibles más allá de la retórica partidista.
Ante este vacío de acción gubernamental, la sociedad civil organizada emerge como un actor clave. Impulsada por historias personales de dolor, un firme compromiso ético o una visión utópica, individuos y grupos se movilizan para abordar las carencias que la política no logra resolver. Estas organizaciones se enfocan en luchar contra la pobreza, las enfermedades y la violencia, creando espacios de convergencia para poblaciones originarias, grupos vulnerables y aquellos que comparten aspiraciones comunes.
Sin embargo, la relación entre el poder y el Tercer Sector ha sido históricamente compleja, marcada por la desconfianza y la falta de colaboración. A pesar de ello, estas Instituciones de A (Instituciones de Asistencia Privada) continúan desempeñando un papel crucial en la construcción de un futuro más justo y equitativo para México, demostrando que la acción ciudadana puede superar la inacción política.



