Política Agrícola y Seguridad Nacional
En un movimiento controvertido, una reciente orden ejecutiva del expresidente Donald Trump ha clasificado al glifosato y al fósforo como elementos de seguridad nacional. Esta decisión, según analistas, podría exacerbar las tensiones geopolíticas y favorecer intereses corporativos específicos, particularmente en América Latina.
El 18 de febrero de 2026, una orden ejecutiva firmada por Donald Trump redefinió el estatus del glifosato, un herbicida ampliamente utilizado, y el fósforo, componente esencial de los fertilizantes sintéticos, designándolos como elementos cruciales para la seguridad nacional de Estados Unidos. Esta reclasificación implica que el acceso y la producción de estas sustancias se considerarán un asunto de interés militar, buscando garantizar la continuidad de su uso a pesar de las crecientes preocupaciones sobre sus efectos en la salud y el medio ambiente.
Silvia Ribeiro, destacada analista, ha señalado que esta orden se enmarca dentro de una estrategia más amplia de intervención imperialista en América Latina, reactivando la doctrina Monroe. Ribeiro argumenta que la medida beneficia directamente a la transnacional Bayer, la cual enfrenta un escrutinio global intensificado desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) clasificó el glifosato como potencialmente cancerígeno en 2015. La orden facilitaría la producción y el uso del herbicida, así como de los cultivos transgénicos asociados, al blindarlos bajo el paraguas de la seguridad nacional.
La controversia en torno al glifosato persiste, con numerosos estudios que vinculan su uso a problemas de salud y daños ambientales. La decisión de Trump de militarizar su producción y acceso plantea interrogantes sobre el futuro de la política agrícola en Estados Unidos y su impacto en las relaciones con América Latina, donde el uso de estos agroquímicos es objeto de debate y creciente resistencia.



