Crisis política persistente en Perú
La presidencia en Perú se ha convertido en un cargo efímero. Con la reciente destitución de José Jerí, el país andino suma siete jefes de Estado en solo diez años, una clara muestra de la turbulenta situación política que atraviesa.
La inestabilidad política se ha convertido en una característica definitoria de Perú en la última década. Desde la destitución de Pedro Pablo Kuczynski en 2016, la nación ha sido testigo de una sucesión constante de presidentes, reflejando una profunda crisis institucional y la erosión de la confianza en el sistema político. El 17 de febrero, la situación se agudizó aún más con la salida de José Jerí, sumando un nuevo nombre a la ya extensa lista de mandatarios que no lograron completar su periodo.
La principal herramienta utilizada para remover a estos presidentes ha sido la moción de censura o la vacancia presidencial, mecanismos parlamentarios que han demostrado ser particularmente efectivos en el contexto peruano. Estos instrumentos, aunque legales, han sido criticados por su uso excesivo y por exacerbar la polarización política, generando un clima de incertidumbre constante que dificulta la gobernabilidad y el desarrollo del país.
La rápida sucesión de presidentes no solo debilita la institucionalidad peruana, sino que también impacta negativamente en la economía, la inversión extranjera y la confianza ciudadana. La falta de estabilidad política dificulta la implementación de políticas a largo plazo y fomenta la corrupción, perpetuando un ciclo vicioso que impide el progreso del país. La pregunta que surge ahora es si Perú logrará romper este ciclo de inestabilidad y encontrar un camino hacia la gobernabilidad y el desarrollo sostenible.



