Tradición y arte popular
Desde tiempos prehispánicos hasta la actualidad, las marionetas han sido un elemento fundamental en la cultura mexicana. Estos personajes articulados, ya sean manejados con hilos o a través de la técnica de guiñol, han brindado diversión y aprendizaje a audiencias de todas las edades.
Las marionetas, aunque menos visibles en las calles contemporáneas, se resisten a desaparecer, manteniendo viva una tradición arraigada en la historia de México. Su origen se remonta a las civilizaciones prehispánicas, donde figuras de barro o madera con extremidades articuladas no solo servían como juguetes, sino que también desempeñaban un papel crucial en rituales religiosos. Documentos históricos, como las Cartas de Relación de Hernán Cortés (1519-1526) y la Historia General de las Cosas de la Nueva España (1540-1585) de fray Bernardino de Sahagún, dan testimonio de la existencia y el uso de estas figuras en ceremonias. Durante la época virreinal, surgieron compañías itinerantes de marionetas en la Nueva España, que además de ofrecer entretenimiento, se dedicaban a satirizar la sociedad y a los gobernantes. Tras la Independencia de México, algunos titiriteros enfrentaron censura por parte de los gobiernos de la naciente república.
Un hito importante en la historia de las marionetas mexicanas fue la fundación, alrededor de 1835, de la Compañía de los Hermanos Rosete Aranda, originaria de Huamantla, Tlaxcala. Esta compañía familiar elevó el teatro de títeres a nuevas alturas, ganando renombre por sus espectáculos y actuando incluso para presidentes como Benito Juárez y Porfirio Díaz. Las marionetas se convirtieron en un elemento indispensable en espectáculos callejeros y teatros de carpa, y también se integraron al sistema educativo mexicano.
En la actualidad, las marionetas mexicanas encuentran su espacio en eventos culturales dirigidos a niños y en museos especializados. Su valor reside en la preservación de una tradición centenaria que ha evolucionado a lo largo del tiempo, adaptándose a los cambios sociales y manteniendo su capacidad para entretener, educar y conectar a las personas con su herencia cultural. La persistencia de las marionetas es un testimonio de su relevancia y un recordatorio de la importancia de las artes populares en la construcción de la identidad nacional.



