Psicología y relaciones interpersonales
Hace tres décadas, un estudio revolucionario prometió acelerar la conexión humana a través de 36 preguntas cuidadosamente elaboradas. Ahora, este experimento psicológico vuelve a captar la atención, ofreciendo una fórmula para fomentar la cercanía en un mundo marcado por la superficialidad.
En la década de 1990, un grupo de investigadores se propuso explorar los mecanismos de la intimidad interpersonal. De este esfuerzo surgió un cuestionario de 36 preguntas, diseñado para llevar a dos desconocidos a un estado de cercanía profunda. El experimento, publicado originalmente en un artículo académico, se basa en la idea de que la vulnerabilidad recíproca y la revelación personal son catalizadores poderosos para la conexión humana.
El cuestionario se divide en tres series de preguntas, cada una progresivamente más personal e introspectiva. Comienza con preguntas relativamente inocuas, como "Dado que puedes elegir a cualquiera en el mundo, ¿a quién invitarías a cenar?" y avanza hacia indagaciones más profundas, como "¿Cuál es tu recuerdo más preciado?" o "¿Cuándo fue la última vez que lloraste frente a otra persona?". La premisa es que, al responder estas preguntas de manera honesta y abierta, las personas pueden crear un vínculo significativo.
El estudio ganó notoriedad renovada gracias a la escritora Mandy Len Catron, quien relató su propia experiencia al probar el cuestionario en un ensayo publicado en The New York Times. Catron narró cómo, tras responder las 36 preguntas con un conocido, logró desarrollar una conexión significativa que eventualmente llevó a una relación romántica. Su experiencia personal popularizó el cuestionario como una herramienta potencialmente efectiva para construir relaciones y fomentar la intimidad. Si bien no garantiza el amor, el experimento ofrece un marco estructurado para la vulnerabilidad y la conexión en un mundo que a menudo prioriza la superficialidad.



