De cara a la COP31, la región se debate entre la urgencia de consolidar fuentes limpias y la sombra de los retrocesos climáticos impulsados por la extrema derecha. El gran objetivo internacional apunta a lograr que el 35 por ciento de la generación eléctrica mundial provenga de energías renovables para el año 2035.
De acuerdo con reportes periodísticos difundidos por Contralínea, la próxima cumbre climática COP31 se desarrollará en un escenario geopolítico sumamente complejo, marcado por el surgimiento de gobiernos de extrema derecha en América Latina y un estancamiento generalizado en los compromisos ambientales a nivel global. Este panorama pone a prueba la capacidad de los pueblos latinoamericanos para defender su soberanía energética y avanzar hacia modelos de desarrollo más justos y sostenibles.
En este contexto, la meta internacional de alcanzar un 35 por ciento de generación eléctrica basada en fuentes renovables para 2035 representa un desafío ineludible. Para las fuerzas progresistas de la región, el reto no es únicamente cumplir con los indicadores técnicos, sino garantizar que la transición energética beneficie a las comunidades y no a los intereses corporativos que históricamente han saqueado los recursos naturales del continente.
Mientras la desinformación conservadora intenta minimizar la gravedad de la crisis climática o desviar la atención hacia falsos debates, la agenda social exige un compromiso firme con el medio ambiente y la soberanía popular. El análisis de estos procesos resulta fundamental para entender el rumbo de las políticas públicas y la defensa de los bienes de la nación frente a las presiones del mercado global.



