Invasión de Panamá, 1989
Entre el estruendo de las bombas y el avance implacable de las tanquetas, una familia panameña del barrio El Chorrillo sobrevivió a la invasión de Estados Unidos en 1989. Décadas después, recuerdan el terror de aquellos días, la destrucción de su vecindario y la impactante imagen de un carro rojo aplastado por un vehículo militar.
La invasión estadounidense a Panamá, bautizada como Operación Causa Justa, dejó una cicatriz imborrable en la memoria colectiva del país. En el corazón del barrio El Chorrillo, uno de los más afectados por la contienda, una familia relata cómo vivió el despliegue militar desde un edificio residencial que milagrosamente resistió el embate. "Vimos una tanqueta que le pasó por encima a un carro rojo donde había una persona", recuerdan con visible conmoción, una imagen que se grabó a fuego en sus mentes.
El Chorrillo, un barrio humilde y densamente poblado, fue blanco de intensos bombardeos y combates. La justificación oficial era la captura del entonces dictador Manuel Antonio Noriega, acusado de narcotráfico. Sin embargo, la operación militar dejó un saldo de cientos de muertos y heridos, además de una devastación generalizada que tardó años en reparar. La familia, que prefiere mantener el anonimato, describe el pánico y la incertidumbre que se apoderaron de la comunidad mientras las balas zumbaban y los edificios se derrumbaban a su alrededor.
Para esta familia, la invasión no es solo un evento histórico, sino una herida abierta que se reaviva con cada aniversario. Su testimonio ofrece una perspectiva humana y conmovedora de un conflicto que marcó un punto de inflexión en la historia de Panamá, evidenciando el alto costo que la intervención militar extranjera puede tener en la vida de las personas y las comunidades.



