Icono de la cultura popular mexicana
En las boticas mexicanas, una lata metálica con el número 666 evoca tanto superstición como alivio. La Pomada 666, fabricada por Monticello Drug Company, ha sido un remedio popular por más de un siglo, manteniéndose vigente a pesar de los cambios en la industria farmacéutica.
Desde principios del siglo XX, la Pomada 666 ha formado parte de la tradición farmacéutica mexicana. Su característico envase metálico circular, práctico y resistente, se convirtió en un elemento común en los hogares. La sencillez de su diseño, prácticamente inalterado durante décadas, la ha convertido en un producto fácilmente reconocible.
Según registros documentados por el Museo del Objeto del Objeto (MODO), este tipo de pomadas en latas metálicas eran comunes en México a principios del siglo XX. Muchas desaparecieron con el tiempo, pero la Pomada 666 ha logrado mantenerse vigente gracias a la costumbre y a la recomendación de boca en boca. La historia urbana sitúa la sede de Monticello Drug Company en la colonia Estrella, alrededor de 1940, específicamente en la esquina de Joyas y Amatista. En esa zona, donde la actividad industrial era parte del paisaje, la empresa consolidó su presencia como un remedio confiable para las familias mexicanas.
La fórmula tradicional de la Pomada 666 refleja una clara herencia farmacéutica. Su persistencia en el mercado, a pesar de las supersticiones asociadas a su nombre, demuestra la fuerte conexión que ha establecido con la cultura popular mexicana, convirtiéndola en un símbolo de alivio y tradición.



