Inestabilidad en la nación andina
Perú enfrenta un futuro político incierto. La persistente confrontación entre los poderes del Estado ha sumido al país en una turbulenta espiral, marcada por una inusual rotación de mandatarios y una profunda desconfianza ciudadana.
En la última década, Perú ha experimentado una inestabilidad política sin precedentes, con ocho presidentes ocupando el Palacio de Gobierno en tan solo diez años. Esta constante rotación, alimentada por enfrentamientos entre el poder ejecutivo y el legislativo, ha generado un profundo descalabro institucional que mina la confianza ciudadana y paraliza la gestión pública. El resultado es un distanciamiento cada vez mayor entre la población y sus representantes, quienes, según las protestas ciudadanas, han abandonado la gestión pública y no han logrado mitigar el creciente problema de la inseguridad en las calles.
La fragmentación del sistema político peruano y la polarización ideológica han contribuido significativamente a esta crisis. La falta de consensos y la búsqueda constante de ventajas políticas a corto plazo han impedido la implementación de políticas públicas a largo plazo que impulsen el desarrollo económico y social del país. Esta situación se ve agravada por la percepción generalizada de corrupción en las instituciones del Estado, lo que socava aún más la legitimidad de los gobernantes y alimenta el descontento popular.
Ante este panorama, la pregunta que surge es si Perú se encamina hacia una nueva crisis de gobierno en 2026. Si bien es imposible predecir el futuro con certeza, la persistencia de los factores que han contribuido a la inestabilidad política en el pasado, como la fragmentación del sistema político, la polarización ideológica y la desconfianza ciudadana, hacen que el riesgo de una nueva crisis sea real y palpable. La capacidad de los actores políticos para dialogar, llegar a acuerdos y priorizar el interés nacional será clave para evitar un nuevo capítulo de inestabilidad en la historia del Perú.



