En medio de los canales y la cultura ancestral de Xochimilco, un taller familiar mantiene viva una de las expresiones artesanales más coloridas de México. Durante casi cuarenta años, este espacio ha transformado el papel de china en auténticas obras de arte efímero para las festividades de noviembre.
Desde hace casi cuatro décadas, un taller familiar ubicado en el corazón de Xochimilco se ha dedicado de manera ininterrumpida a la producción artesanal de papel picado. Esta labor, arraigada profundamente en las tradiciones mexicanas, busca preservar la técnica ancestral que da vida a las ofrendas del Día de Muertos en todo el país.
El proceso de elaboración requiere de gran precisión y paciencia, utilizando desde tradicionales cinceles y martillos hasta pliegos de papel de china de múltiples colores. Cada corte milimétrico sobre la celulosa simboliza el viento y la alegría con la que se recibe el retorno temporal de los fieles difuntos, manteniendo vigentes los elementos esenciales del sincretismo cultural mexicano.
Frente a la producción industrial y masiva de decoraciones sintéticas, este núcleo familiar defiende el valor del trabajo hecho a mano. Su legado no solo sostiene la economía local de la demarcación, sino que garantiza que las futuras generaciones continúen escuchando el martilleo rítmico que da forma a la memoria colectiva.



