Detrás del genio, una sombra
Mientras Wolfgang Amadeus Mozart alcanzaba la inmortalidad, su hermana Maria Anna, también una niña prodigio, veía su propio talento eclipsado. Juntos conquistaron Europa con su música, pero la historia solo recuerda a uno de ellos.
La historia de la música clásica ha consagrado a Wolfgang Amadeus Mozart como uno de los genios más grandes de todos los tiempos. Sin embargo, pocos recuerdan a Maria Anna Mozart, su hermana mayor, una talentosa intérprete que compartió escenario con él durante su infancia y adolescencia. Maria Anna, apodada "Nannerl", nació en Salzburgo el 30 de julio de 1751, cinco años antes que Wolfgang. Desde temprana edad, demostró un talento musical excepcional, aprendiendo a tocar el clavicordio con facilidad y componiendo sus propias piezas.
Durante sus primeros años, los hermanos Mozart viajaron por toda Europa, deslumbrando a la nobleza con sus habilidades musicales. Nannerl era considerada una virtuosa del clavicordio, capaz de interpretar piezas complejas con una técnica impecable. Wolfgang, por su parte, mostraba un talento innato para la composición. A pesar de sus logros conjuntos, la sociedad de la época impuso limitaciones a Nannerl debido a su género. Mientras que Wolfgang fue alentado a desarrollar su carrera musical, Nannerl fue relegada a un rol más tradicional, propio de las mujeres de su tiempo.
A medida que Wolfgang alcanzaba la adultez y su fama crecía, Nannerl se vio obligada a abandonar su carrera musical. Contrajo matrimonio y se dedicó a las tareas del hogar y la crianza de sus hijos. Aunque continuó tocando el clavicordio de forma privada, nunca tuvo la oportunidad de desarrollar su talento al máximo. La historia de Maria Anna Mozart es un recordatorio de las barreras que enfrentaron las mujeres en el pasado, y una reivindicación de su talento y potencial. Su legado, aunque eclipsado por la fama de su hermano, merece ser reconocido y valorado.



