Enigma Arqueológico en México
Un hallazgo de 1933 en Tecaxic-Calixtlahuaca, cerca de la Ciudad de México, continúa desconcertando a arqueólogos e historiadores: una cabeza de terracota romana encontrada en una ofrenda funeraria prehispánica. La pieza plantea interrogantes sobre posibles interacciones transoceánicas mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón.
El descubrimiento tuvo lugar durante las excavaciones lideradas por el arqueólogo mexicano José García Payón en el sitio arqueológico de Tecaxic-Calixtlahuaca. La cabeza de terracota, identificada posteriormente como de origen romano y datada entre los siglos II y III d.C., formaba parte de una rica ofrenda funeraria que incluía objetos de oro, cobre, turquesa, cristal de roca, azabache y cerámica. La presencia de esta figura, que representa a un hombre barbudo con rasgos ajenos a las culturas mesoamericanas, generó un intenso debate sobre su origen y la posibilidad de contactos precolombinos entre Europa y América.
El arqueólogo alemán Ernst Boehringer fue uno de los primeros en proponer, en la década de 1960, la posible procedencia romana de la pieza. Esta teoría fue respaldada por Bernad Andreae, quien destacó similitudes entre el peinado y la forma de la barba de la figura con los del periodo de los Emperadores Severos (193-235 d.C.). En 1995, la Universidad de Heidelberg realizó pruebas de termoluminiscencia que arrojaron una datación entre los siglos IX a.C. y XIII d.C., confirmando su antigüedad, aunque sin resolver el misterio de su presencia en México.
A pesar de diversas hipótesis, el cómo llegó esta cabeza romana a la tumba de Tecaxic-Calixtlahuaca sigue siendo desconocido. Algunas teorías sugieren que pudo ser una broma de un estudiante de García Payón, aunque la ubicación de la pieza en una tumba sellada bajo varias capas de suelo dificulta esta explicación. Otra posibilidad apunta a que la cabeza llegó a México como parte de las primeras expediciones españolas del siglo XVI, una hipótesis que aún se investiga.



