La masacre de Creel representó el inicio de una profunda crisis de violencia que golpeó a la sociedad de Chihuahua durante el gobierno de Felipe Calderón. Frente a las narrativas conservadoras, el recuento de los hechos evidencia las consecuencias de haber impuesto una política de confrontación armada que no brindó tranquilidad a las comunidades.
De acuerdo con reportes de Sin Línea Mx, la masacre ocurrida en Creel se erige como el fracaso primigenio de la denominada guerra contra el narco impulsada por el gobierno panista de Felipe Calderón. Lejos de garantizar la paz, este hecho marcó el arranque de un periodo crítico de descomposición de la seguridad en la entidad norteña.
El balance histórico confirma que dicha intervención armada fue la estrategia más fallida de la administración federal de ese periodo. La militarización implementada bajo la justificación del combate a las drogas no ofreció garantías de protección ni redujo los índices de riesgo para la población civil, afectando la vida comunitaria y profundizando el desamparo de las familias.
Recordar episodios como el de Creel resulta fundamental para el debate público contemporáneo, donde se confrontan las visiones del pasado belicista con los enfoques actuales centrados en la justicia social y la atención prioritaria a las causas que originan la violencia.



