La Secretaría General de la ONU ante el desgaste d
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Forbes México . La Secretaría General de la ONU ante el desgaste del multilateralismo La discusión en torno a la sucesión de la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas se produce en uno de los momentos más delicados para el sistema multilateral desde el final de la Guerra Fría. Lejos de tratarse de un relevo administrativo, el proceso abre una ventana para evaluar el estado real del multilateralismo, su capacidad de adaptación a un orden internacional fragmentado y la disposición —o falta de ella— de los Estados para sostener un marco de gobernanza global basado en reglas, cooperación y legitimidad institucional. En este contexto, la posible candidatura de Michelle Bachelet ha adquirido una visibilidad que no es casual. Su perfil concentra varios de los atributos que hoy se consideran deseables para un liderazgo multilateral: experiencia ejecutiva, conocimiento interno del sistema de Naciones Unidas, legitimidad normativa y una trayectoria asociada a la defensa de los derechos humanos. Sin embargo, su nombre también expone, con claridad, las tensiones estructurales que atraviesan tanto a la organización como al orden internacional contemporáneo. Desde una perspectiva analítica, Bachelet representa una fortaleza evidente en términos de capital político y credibilidad institucional. Su paso por la Alta Comisionada de Derechos Humanos le otorgó un conocimiento profundo de los límites operativos de la ONU, así como de las resistencias que enfrentan sus mandatos más sensibles. A ello se suma una trayectoria presidencial que le permite comprender las dinámicas internas de los Estados, especialmente en contextos de presión social, crisis de legitimidad y polarización política. En un sistema internacional marcado por la erosión de la confianza, este tipo de liderazgo técnico y moderado resulta, al menos en el plano discursivo, atractivo. No obstante, las oportunidades que su eventual liderazgo podría abrir no dependen exclusivamente de su perfil personal. La ONU enfrenta una demanda creciente de renovación simbólica y política: la elección de una mujer como Secretaria General tendría un valor histórico y normativo relevante, pero ese gesto, por sí solo, no resolvería los déficits estructurales del sistema. La oportunidad real estaría en utilizar ese capital simbólico para recomponer consensos mínimos, fortalecer la autoridad moral de la organización y reposicionar al multilateralismo como un espacio viable de gestión de conflictos y bienes públicos globales. Lee más: Desgaste del multilateralismo en Latinoamérica: bloques paralizados y alianzas a la carta Las debilidades, sin embargo, son evidentes y no deben subestimarse. Bachelet ha sido percibida por algunos Estados como una figura asociada a una agenda normativa exigente, particularmente en materia de derechos humanos, lo que podría traducirse en resistencias políticas desde gobiernos que privilegian la soberanía, el realismo estratégico o enfoques abiertamente iliberales. Además, cualquier liderazgo al frente de la ONU está estructuralmente condicionado por la dependencia financiera, política y operativa respecto de los Estados miembros, lo que limita severamente la autonomía real del cargo. Las amenazas, finalmente, trascienden a cualquier candidatura individual. La parálisis del Consejo de Seguridad, el uso recurrente del veto, la competencia estratégica entre grandes potencias y el debilitamiento del derecho internacional han reducido el margen de acción de la ONU a mínimos históricos. A ello se suma un entorno internacional en el que el multilateralismo es cuestionado no solo desde fuera, sino también desde dentro, por actores que se benefician de su existencia pero bloquean su efectividad. En este sentido, la eventual llegada de Michelle Bachelet a la Secretaría General no debe interpretarse como una solución estructural, sino como un síntoma del tipo de liderazgo que el sistema internacional está dispuesto a considerar en un momento de profunda incertidumbre. Más que preguntarnos si una persona puede salvar al multilateralismo, la sucesión en la ONU obliga a una reflexión más incómoda: si los Estados aún están dispuestos a sostener un orden internacional que limite su poder en nombre de reglas comunes, o si la organización seguirá operando como un reflejo de un mundo cada vez más fragmentado y menos cooperativo. Sobre la autora: Correo: arleneru@me.com Twitter: @ArleneRU LinkedIn: Arlene Ramírez-Uresti Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México . Inspírate, descubre y comparte. ¡Síguenos y encuentra lo que buscas en nuestro Instagram! La Secretaría General de la ONU ante el desgaste del multilateralismo Arlene Ramírez Uresti



