Lesbos: Migración y Fronteras Europeas
Durante años, Lesbos fue sinónimo de la crisis migratoria europea, un faro de esperanza y desesperación en el Mar Egeo. Ahora, la isla griega vive una calma tensa, marcada por la drástica disminución de llegadas y el impacto de las políticas migratorias más restrictivas.
La isla de Lesbos, ubicada a escasos kilómetros de la costa turca, se convirtió en 2015 en la principal puerta de entrada a la Unión Europea para cientos de miles de personas que huían de conflictos y la pobreza en Oriente Medio, África y Asia. Imágenes de desembarcos masivos, campos de refugiados superpoblados y el drama humano en las playas de la isla dieron la vuelta al mundo, convirtiendo a Lesbos en un símbolo de la crisis migratoria europea. Sin embargo, la situación en Lesbos ha cambiado significativamente en la última década.
El flujo migratorio hacia la isla ha disminuido drásticamente, como reporta Mortaza Behboudi para France 24. Esta reducción es resultado directo del endurecimiento de las políticas migratorias europeas y, especialmente, de la externalización del control de fronteras. Acuerdos entre la UE y Turquía, así como el refuerzo de la vigilancia marítima y terrestre, han dificultado enormemente la llegada de migrantes a las costas de Lesbos. Si bien esta disminución alivia la presión sobre la isla, plantea interrogantes sobre el destino de quienes buscan refugio en Europa y las condiciones en las que viven aquellos que aún permanecen en Lesbos.
La situación actual en Lesbos es un reflejo de la complejidad del fenómeno migratorio y las tensiones entre la necesidad de proteger las fronteras y la obligación moral de ofrecer asistencia humanitaria. La isla, que alguna vez fue un símbolo de la crisis, ahora se erige como un testimonio de las políticas migratorias europeas y sus consecuencias en la vida de miles de personas.



