Alertas, no pausas, en temporada festiva
Diciembre invita a la reflexión, al descanso y a la celebración familiar, un tiempo donde el calendario sugiere una pausa en la rutina. Sin embargo, para innumerables sectores y realidades en México, la noción de un respiro es un lujo que las emergencias no conceden.
Para muchos, diciembre se consagra como un sinónimo de pausa y de cierre de ciclos. Es el mes donde las mesas se llenan, las luces se encienden y los brindis se repiten una y otra vez, creando una atmósfera de relajación generalizada. El calendario, en su paso por el último mes del año, parece dictar una orden colectiva para bajar el ritmo y confiar en que, al menos por unos días, nada adverso ocurrirá, permitiendo un espacio para los balances personales y el disfrute.
No obstante, este ideal de tranquilidad y desconexión choca de frente con la realidad de otros. La periodista Gabriela Vázquez, en su artículo para La Opinión De Poza Rica, subraya una verdad ineludible: la emergencia no se va de vacaciones. A lo largo del país, equipos de respuesta inmediata, personal médico, fuerzas de seguridad, brigadistas y trabajadores de servicios esenciales mantienen su labor ininterrumpida. Su dedicación asegura que la protección civil, la atención sanitaria y el orden público no cesen, sin importar la fecha del calendario ni el ambiente festivo que reine.
Esta dualidad resalta la resiliencia y el compromiso de quienes están en la primera línea. Mientras las familias se reúnen y las empresas cierran sus puertas, una parte fundamental de la sociedad sigue activa, atenta a cualquier eventualidad. La reflexión de Vázquez invita a una mayor conciencia y reconocimiento hacia aquellos que, lejos de las celebraciones, mantienen el pulso de la estabilidad y la seguridad, recordándonos que ciertas responsabilidades no entienden de días feriados ni pausas decembrinas.



