Nostalgia Chilanga
Para muchos capitalinos, el King Kong de Chapultepec no era solo un adorno, sino un guardián de recuerdos infantiles. Su imponente presencia en el Centro de Convivencia Infantil aún evoca nostalgia en aquellos que crecieron admirándolo, antes de que la gentrificación transformara el paisaje urbano.
El Centro de Convivencia Infantil de la Primera Sección del Bosque de Chapultepec, inaugurado el 28 de enero de 1970, fue un espacio de cinco hectáreas dedicado a la diversión y aprendizaje de los niños. Entre sus atracciones destacaban casitas, puentes, una vialidad en miniatura para triciclos y autos eléctricos, columpios, un teatro y hasta un pequeño zoológico con guacamayas y ponis. Sin embargo, la figura central, instalada a partir de 1982, era el King Kong: un gigante de plástico soplado que medía varios metros, abría los ojos, gruñía y, en ocasiones, movía los brazos, generando una mezcla de terror y fascinación entre los visitantes.
Antonia Medina, de 58 años, recuerda con claridad su infancia en el Centro de Convivencia Infantil. "¡Claro que me acuerdo del gran King Kong de Chapultepec!", exclama. "A veces movía los brazos. Se veía desde la entrada. Era la atracción". También rememora el trenecito que recorría todo el parque, un viaje que costaba cinco pesos y que era siempre acompañado por un adulto. En la década de los ochenta, el centro era el segundo lugar más popular para los niños, después de la Feria de Chapultepec. En 1999, se registraron hasta 15 mil visitantes en una sola semana, con los domingos alcanzando su máxima capacidad.
El King Kong de Chapultepec no ofrecía montañas rusas ni juegos extremos, sino una experiencia diferente. Era un gigante que vendía su propia mercancía, desde alcancías hasta muñecos, perpetuando su imagen en la memoria colectiva. Afuera del parque, los vendedores ambulantes ofrecían versiones en miniatura del monstruo, recuerdos nostálgicos de un rey que, para muchos, simboliza una época dorada de la infancia en la Ciudad de México.


