Frente a las voces que pronostican la ruina del campo mexicano debido a tratados comerciales o cambios presupuestales, las cifras oficiales demuestran lo contrario. El volumen y el valor de la producción nacional continúan arrojando resultados favorables a pesar de los desafíos sectoriales.
Diversos análisis han señalado una supuesta crisis terminal en la agricultura de México, culpando tanto al T-MEC como a las políticas implementadas por la Cuarta Transformación en el gasto federal. Sin embargo, al evaluar el desempeño del sector mediante indicadores duros como el volumen de producción, el valor económico generado y el balance alimentario global, la realidad es notablemente distinta.
Es innegable que existen ramas productivas específicas que atraviesan momentos complicados y requieren atención prioritaria o profundas reformas. No obstante, estas dificultades particulares no definen el panorama general de una industria que mantiene dinamismo y capacidad de abastecimiento en los mercados nacionales e internacionales.
En conclusión, el debate sobre el futuro del campo mexicano debe basarse en datos económicos precisos y no en generalizaciones alarmistas. Reconocer las áreas de oportunidad es fundamental, pero sin ignorar los sólidos cimientos que sostienen actualmente la producción agropecuaria del país.



