Guía de viaje
La primavera japonesa es sinónimo de *sakura*, pero la experiencia va más allá de los puntos turísticos más populares. Proponemos un viaje siguiendo la floración del cerezo, desde los primeros brotes en el sur hasta el sereno final en el norte, descubriendo paisajes y culturas menos explorados.
La primavera en Japón se despliega como una ola de color, comenzando en el sur y avanzando gradualmente hacia el norte. Esta progresión ofrece la oportunidad de experimentar la floración de los cerezos en diversas etapas y regiones. El viaje puede iniciarse en Kawazu, donde los cerezos florecen desde finales de febrero, creando túneles rosas a lo largo del río, un espectáculo que se intensifica con la presencia de las flores amarillas de la colza.
A mediados de marzo, Kyushu se convierte en el epicentro de la primavera. El Castillo de Kumamoto fusiona la historia y la naturaleza, exhibiendo una estética a la vez imponente y delicada. Este período marca el despertar del país, con más luz, actividad en las calles y una palpable vitalidad. Hacia finales de marzo, la región de Setouchi ofrece una experiencia más contemplativa. En el Jardín Korakuen, los cerezos se integran armónicamente en el entorno, priorizando una inmersión sensorial en la estación.
Tokio, con sus parques como Ueno y los canales de Chidorigafuchi, ofrece la imagen icónica de la floración masiva, pero el Monte Yoshino propone una alternativa espiritual, donde los cerezos florecen por capas gracias a la altitud. Finalmente, Tohoku y Hokkaido ofrecen un cierre sereno, con el Castillo de Hirosaki presentando una alfombra rosa de pétalos sobre el agua. Este recorrido revela cómo la floración del cerezo transforma el país en cuestión de semanas, ofreciendo una profunda conexión con el clima y la cultura japonesa.



