Innovación del Siglo XX Revive
A principios del siglo XX, la batería de níquel-hierro prometía revolucionar los vehículos eléctricos. Ahora, investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles han reinventado esta tecnología con nanotecnología, ofreciendo una alternativa robusta y duradera a las baterías de litio.
A principios de 1900, los automóviles eléctricos gozaban de popularidad en Estados Unidos, pero las limitaciones energéticas representaban un obstáculo significativo. Thomas Alva Edison propuso una solución con la batería de níquel-hierro, buscando una opción resistente, segura y duradera, utilizando materiales abundantes y estables. Esta batería prometía una autonomía cercana a los 160 kilómetros por recarga y una vida útil superior a la de las baterías de ácido-plomo. Sin embargo, el avance del motor de combustión interna relegó la batería de níquel-hierro a un segundo plano.
Ahora, investigadores codirigidos por la Universidad de California en Los Ángeles han retomado la química níquel-hierro de Edison, aplicando nanotecnología y procesos de bajo costo para crear una batería con características sorprendentes. A diferencia del enfoque original, esta nueva versión no busca competir directamente con las baterías de litio en automóviles modernos. En cambio, se centra en la velocidad de carga y la resistencia al desgaste.
La batería de níquel-hierro desarrollada por el equipo puede cargarse en segundos y soporta más de 12,000 ciclos completos sin degradación apreciable, lo que equivale a más de 30 años de uso diario. Aunque su densidad energética no iguala a la del litio, su principal atractivo reside en su capacidad de carga rápida, larga duración y estabilidad, reduciendo la dependencia de materiales críticos. Por ello, se vislumbra su aplicación ideal en sistemas de almacenamiento estacionario, como respaldo para energías renovables, estabilización de redes eléctricas y alimentación de centros de datos.



