Crisis de salud por adicciones
Lo que comenzó como una experimentación adolescente a los 14 años ha derivado en una tragedia física devastadora. Hoy, Megan enfrenta secuelas permanentes que han limitado severamente su autonomía y calidad de vida.
El caso de Megan, una joven de 22 años, ha encendido las alarmas sobre los peligros del uso prolongado de la ketamina. Según los reportes médicos, el consumo ininterrumpido de esta sustancia desde los 14 años ha provocado un deterioro físico severo que ha comprometido su sistema urinario y su estructura ósea.
En los últimos dos años, la situación de la joven ha escalado a un nivel crítico. Megan experimenta un dolor crónico e insoportable que le impide realizar actividades básicas, incluida la capacidad de mantenerse erguida. La gravedad de sus daños internos la ha obligado a depender de pañales, marcando una pérdida total de su independencia funcional.
Expertos señalan que el uso recreativo de la ketamina, a menudo subestimado, puede derivar en cistitis ulcerosa severa y daños renales irreversibles. Este testimonio expone la cruda realidad detrás de una adicción que, lejos de ser inofensiva, está dejando a una generación de jóvenes con discapacidades físicas permanentes.



