Adiós a la autopista original de internet
El cable TAT-8, pionero en conectar Europa y Estados Unidos a través de fibra óptica, se despide del fondo marino. Tras más de dos décadas de facilitar la expansión del internet, su reparación resulta económicamente inviable frente a las nuevas tecnologías.
En 1988, un hito tecnológico marcó el inicio de la era digital: la instalación del Trans-Atlantic Telephone 8 (TAT-8), el primer cable submarino de fibra óptica en cruzar el Océano Atlántico. Un consorcio formado por AT&T, British Telecom y France Telecom lideró este proyecto que revolucionaría las comunicaciones, reemplazando los cables de cobre tradicionales por finos hilos de vidrio capaces de transmitir datos a la velocidad de la luz.
El TAT-8 no solo representó un avance tecnológico, sino también un catalizador para la explosión de la World Wide Web y el comercio electrónico. Su capacidad, aunque inicialmente innovadora, se vio rápidamente superada por la creciente demanda de ancho de banda, lo que llevó a la instalación de cables sucesores, alcanzando la serie TAT el número 14 en 2001. A pesar de su corta vida útil, el TAT-8 se convirtió en un símbolo del progreso y la globalización.
En 2002, una avería marcó el final del camino para el TAT-8. La decisión de no repararlo se basó en un análisis económico: los costos de reparación superaban los beneficios, dado que cables más modernos y con mayor capacidad ya estaban en funcionamiento. Así, el primer cable transatlántico de fibra óptica pasó a la historia, dejando un legado imborrable en la evolución de internet.



