Patrimonio y economía alimentaria
En medio de un debate global sobre la producción de alimentos, una tortillería en la Ciudad de México se alza como bastión de la defensa del maíz indígena. A pesar de las presiones económicas y las políticas comerciales, esta iniciativa busca preservar la tradición y la biodiversidad agrícola mexicana.
Ciudad de México – La lucha por la supervivencia del maíz indígena en México se libra en cada tortilla. Mientras el país aún resiente la derrota en una disputa comercial bajo el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) en 2024, relacionada con las importaciones de maíz genéticamente modificado, iniciativas locales como la de una tortillería en la capital, buscan contrarrestar el avance del maíz híbrido y transgénico, que actualmente domina más del 90% del mercado.
El gobierno de la Ciudad de México ha jugado un papel crucial en esta resistencia, declarando a la capital como zona libre de organismos genéticamente modificados (OGM) mediante un decreto. Esta medida otorga un respaldo importante a 66 productores locales, permitiéndoles continuar con sus prácticas agrícolas tradicionales y la preservación de semillas nativas. Sin embargo, estos pequeños agricultores enfrentan un desafío monumental al competir con la producción masiva y los precios del maíz industrializado.
Para Jorge Hurtado, nuestro corresponsal en Ciudad de México, esta historia es un reflejo de la tensión entre la globalización y la preservación de la identidad cultural. La defensa del maíz indígena no es solo una cuestión económica, sino también una lucha por mantener vivas las tradiciones ancestrales y la soberanía alimentaria de México.



