Cuba atraviesa una de sus crisis demográficas más críticas al cerrar el año 2025 con una población de apenas 9,4 millones de habitantes. El fenómeno es impulsado por una combinación de migración masiva y una natalidad históricamente baja que pone en riesgo el futuro social del país.
Según datos oficiales recientes, cerca del 27% de los cubanos superan ya los 60 años, lo que sitúa a la isla como una de las naciones más envejecidas de la región. Esta cifra es el resultado de una tendencia sostenida que ha visto desaparecer a 1,4 millones de personas de los registros nacionales desde el año 2016.
La situación en La Habana refleja el impacto de esta crisis, donde el envejecimiento poblacional se entrelaza con una precaria infraestructura urbana. Los constantes apagones y la escasez de oportunidades laborales han generado un entorno adverso que afecta de manera desproporcionada a los jóvenes, acelerando el deseo de emigrar.
El informe subraya que la combinación de una pirámide poblacional invertida y la falta de relevo generacional plantea desafíos económicos inmediatos. La incapacidad de retener a la fuerza laboral joven en un contexto de crisis energética y económica agrava las perspectivas para la sostenibilidad del sistema de seguridad social cubano.



