Crisis energética sin precedentes
Cuba se enfrenta a una crisis energética severa que amenaza con desestabilizar su economía y poner a prueba la resistencia del régimen castrista. La drástica reducción en el suministro de petróleo, crucial para el funcionamiento de la isla, ha desatado una situación crítica y sin precedentes.
La isla caribeña ha dependido históricamente de la importación de petróleo para cubrir sus necesidades energéticas. Sin embargo, la producción nacional solo alcanza el 40% del consumo total, dejando un vacío que era cubierto principalmente por países aliados, entre ellos Venezuela y México. Las sanciones impuestas por Estados Unidos a estas naciones han complicado significativamente el suministro, impactando directamente en la disponibilidad de combustible para la generación de electricidad, el transporte y la industria.
La disminución en el suministro de petróleo ha provocado apagones prolongados y frecuentes en todo el país, afectando tanto a hogares como a empresas. La escasez de combustible también ha impactado en el sector agrícola y en la distribución de alimentos, exacerbando la ya precaria situación económica. El gobierno cubano ha implementado medidas de ahorro energético y ha buscado alternativas para diversificar sus fuentes de suministro, pero los resultados han sido limitados.
La crisis energética plantea un desafío existencial para el régimen castrista, que se enfrenta a un creciente descontento popular. La incapacidad para garantizar un suministro energético estable pone en riesgo la estabilidad social y política de la isla, generando incertidumbre sobre el futuro del país. La búsqueda de soluciones a largo plazo y la diversificación de las fuentes de energía se han convertido en prioridades urgentes para evitar un colapso total.



